Bernardo Monroy/León, Gto.- Mientras el sur de la ciudad avanza con nuevos parques y trenes de pasajeros, vecinos de colonias aledañas al bulevar Timoteo Lozano, como Parques La Noria, El Granjeno, La Diez de Mayo o San Juan de Abajo, han aprendido que vivir junto a las vías significa negociar a diario con un vecino de acero que pasa a toda velocidad.
Aunado a lo anterior, conviene recordar que las vías que se encuentran por todo el Timoteo Lozano se tienen contempladas como la posible ruta principal para un nuevo tren de pasajeros e interurbano. Todo eso se suma al polígono de la zona.
Además de la situación de la falta de vigilancia e inseguridad, el tren es uno de los problemas habituales para la gente que radica por la el bulevar. Aunque se trata de un vehículo importante para el desarrollo social y económico, nunca faltan, o bien los accidentes, o bien quienes intentan 'ganarle' al tren... con consecuencias funestas.
Basta recordar algunos ejemplos ocurridos el pasado año, muchos de ellos en septiembre: un adulto mayor intentó ganarle al tren, pero desgraciadamente, fue arrollado. Esto ocurrió el día 9. El día 19 del 2025, hubo un descarrilamiento entre los bulevares Delta y Timoteo Lozano. De la misma forma, el 17 de agosto de aquel año, el tren arrolló a dos personas en hechos separados.
Para los vecinos de la zona, tanto el futuro y posible tren de pasajeros como el nuevo Parque traerán unas nuevas esperanzas, pero lidiar con el tren es un asunto con el que han aprendido a vivir.
Así es todos los días:
Siempre que el tren pasa se escucha el ensordecedor silbatazo. Después, el ruido de la maquinaria y el acero de las ruedas chocando las vías. En ese momento, el ruido del tráfico, de los motores y claxonazos y el ronroneo de las motos, resulta menor. Es entonces cuando la gente ve el tren pasar todo derecho por el Timoteo Lozano, hasta alejarse.
Para Eduardo Nava, quien vive en San Juan de Abajo y se dedica a la “pepena” (es decir, recolección de pet y latas) desplazándose en su bicicleta, se trata de una cuestión de conciencia: “Yo siempre me espero cuando veo que va a pasar el tren. A mi edad (tiene 64 años) no tengo ni la velocidad ni la juventud. Aquí es cosa de que la gente entienda que el tren se los va a llevar”.
Por otro lado, madres de familia como Hortensia González, la principal preocupación son los niños. Ella radica con su niña de 6 años y su hijo de 10 en Parques La Noria, y está consciente que hacen falta más espacios verdes. Por eso, tiene que cuidar a sus hijos, para que no vayan a jugar cerca de las vías del tren.
Así, entre ruidos y vagones, la vida por el Timoteo Lozano sigue.