LA FIDELITA, TESORO NACIONAL RESGUARDADO EN ACÁMBARO

Victoria Vega Moreno/Fotos:Gerardo García/Acambaro, Gto.-Acámbaro es conocido en todo el país por su pan grande. Sin embargo, este no es, de ninguna manera, su único atractivo. Aunque menos difundido entre los visitantes, en el edificio de la antigua estación ferroviaria se encuentra el Museo del Ferrocarril “José Cardoso Téllez”, un espacio que resguarda una parte fundamental de la historia ferroviaria nacional.

Entre las piezas que alberga destaca "La Fidelita", considerada la primera locomotora de vapor armada completamente en México, en los talleres de Ferrocarriles Nacionales de México establecidos en esta ciudad.

Un poco de historia

La locomotora, marcada con el número 296, fue inaugurada el 10 de junio de 1944. Se decidió llamarla así en honor a la hija recién fallecida del ingeniero Andrés Ortiz, entonces gerente general de la empresa ferroviaria. Durante el acto inaugural, su esposa rompió la tradicional botella de champaña sobre una de sus ruedas.

Aunque en 1957 se informó oficialmente que "La Fidelita" había sido “condenada a la chatarra”, el decreto no se formalizó sino hasta 1961. Incluso existe evidencia de que ese mismo año prestó su último servicio en el tren que cubría la ruta de Veracruz a Alvarado.

Durante décadas se desconoció su paradero. Fue hasta 1993 cuando el fotógrafo estadounidense John Kisner localizó una locomotora con características idénticas en la estación de Cañitas, hoy Felipe Pescador. A partir de ese hallazgo se constituyó la asociación civil Amigos del Ferrocarril, encabezada por Francisco Castro y Antonio Villa Herrejón, quienes emprendieron la tarea de recabar testimonios y datos técnicos con antiguos trabajadores para confirmar su identidad.

Una vez corroborado que se trataba de "La Fidelita", se iniciaron las gestiones ante Ferrocarriles Nacionales de México para su traslado. El esfuerzo ciudadano dio resultado: la locomotora fue finalmente entregada a Acámbaro el 14 de junio de 1994, en el marco del 50 aniversario de su construcción.

A partir de ese impulso, el 6 de enero de 2001 abrió sus puertas, en el edificio de la antigua estación, el Museo del Ferrocarril José Cardoso Téllez, nombrado en honor a quien es considerado el padre de la primera máquina de vapor mexicana.

El recinto ofrece una amplia retrospectiva de la historia ferroviaria de Acámbaro y la región, mediante fotografías, herramientas, documentos y diversas piezas que evocan la época en que el tren marcaba el ritmo de la vida económica y social de la ciudad.

Y es que durante buena parte del siglo XX, el ferrocarril definió el pulso de Acámbaro. Sus talleres, patios de maniobras y estaciones lo convirtieron en un punto estratégico de comunicación y comercio, además de forjar la identidad de generaciones de trabajadores ferroviarios. En ese contexto, La Fidelita no es solo una locomotora histórica: es un símbolo vivo de la profunda relación entre la ciudad y el riel.

El presidente de la Asociación Amigos del Ferrocarril Acámbaro A. C., José Guadalupe Herrera Tapia, señaló que aún hoy —aunque cada vez con menor presencia de trabajadores ferroviarios de aquella época— se continúa conmemorando la llegada de La Fidelita. La celebración reúne a antiguos ferroviarios y a sus familias en el museo, donde la música y la comida acompañan la memoria de un rescate que evitó la pérdida de una pieza emblemática del patrimonio industrial mexicano.

Un patrimonio que resiste al olvido

Más que una reliquia, "La Fidelita "es testimonio del momento en que México apostó por su propia capacidad técnica e industrial. Su historia —marcada por el abandono, el redescubrimiento y la recuperación— refleja también la fragilidad del patrimonio ferroviario en el país.

Hoy, resguardada en Acámbaro, no solo cuenta el pasado: interpela al presente sobre la necesidad de conservar la memoria de una nación que alguna vez avanzó, literalmente, sobre rieles.

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