EL TREN MÉXICO-IRAPUATO, UNA REALIDAD EN CONSTRUCCIÓN

Victoria Vega Moreno/Irapuato, Gto.-Las obras del tren de pasajeros que conectará la Ciudad de México con Querétaro y se extenderá hasta Irapuato avanzan en su etapa de desarrollo, con trabajos preliminares y definiciones técnicas que buscan reactivar una ruta histórica para la región del Bajío.

De acuerdo con el plan federal de infraestructura ferroviaria, el corredor contempla una vía moderna, con doble trazo en varios segmentos y velocidades que permitirían reducir de manera significativa los tiempos de traslado entre el centro del país y Guanajuato, descongestionar carreteras y ofrecer una alternativa más sustentable frente al transporte carretero, con estaciones en Querétaro, Apaseo el Grande, Celaya, Cortázar/Villagrán, Salamanca e Irapuato.

Para Irapuato, la llegada del tren significaría recuperar conectividad directa con la capital del país sin depender exclusivamente del transporte carretero, hoy saturado en distintos horarios.

Una historia que vuelve a tomar rumbo

El ferrocarril llegó a México en el siglo XIX y transformó profundamente la economía nacional. En el Bajío, ciudades como Celaya, Salamanca e Irapuato se convirtieron en nodos estratégicos gracias a la expansión del sistema ferroviario durante el Porfiriato. Empresas como el antiguo Ferrocarril Central Mexicano consolidaron rutas que conectaban el centro del país con el norte y el occidente, facilitando el comercio agrícola e industrial.

En el siglo XX, bajo la operación de Ferrocarriles Nacionales de México, el tren fue clave para el traslado de mercancías y pasajeros. Durante décadas, miles de personas dependieron del servicio ferroviario para trasladarse entre comunidades del Bajío y la capital del país.

Sin embargo, tras la privatización del sistema ferroviario en la década de 1990, el servicio regular de pasajeros fue suspendido casi en su totalidad, privilegiándose el transporte de carga, impactando la conectividad regional, especialmente para comunidades intermedias que quedaron dependientes del transprote carrretero.

Hoy, casi tres décadas después, el proyecto México–Querétaro–Irapuato plantea no solo una obra de infraestructura, sino la recuperación de una tradición ferroviaria que marcó la historia económica y social de la región.

El Bajío es hoy uno de los polos industriales más dinámicos del país, con fuerte presencia automotriz, agroindustrial y logística. Un sistema ferroviario de pasajeros moderno podría reducir tiempos de traslado entre ciudades clave, impulsar el turismo regional, generar empleos durante su construcción y operación, disminuir emisiones contaminantes al ofrecer una alternativa más eficiente e incrementar la plusvalía y el desarrollo urbano en torno a las estaciones.

Si el calendario se cumple, el Bajío volverá a escuchar el paso del tren de pasajeros, esta vez con tecnología del siglo XXI, pero sobre una ruta que forma parte de su memoria colectiva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *