Bernardo Monroy/León, Gto.-Las Ladrilleras del Refugio, ubicadas por el Eje Metropolitano, son uno de los lugares donde hay más necesidades en León. En sus terrenos trabajan desde niños, pasando por adolescentes, hasta adultos y hombres y mujeres de la tercera edad, haciendo ladrillos de sol a sol.
Al igual que las ladrilleras de Ibarrilla, se puede ver el humo emergiendo desde los hornos, mientras que familias enteras hacen en trabajo. Así ha sido desde hace años.

Es cierto que en más de una ocasión se han realizado esfuerzos, por parte de sociedad, gobierno e instituciones, para mejorar la situación de las personas que trabajan en las ladrilleras (particularmente las infancias) que van desde llevar regalos a las y los niños la mañana del 6 de enero, hasta el estudio realizado por la Universidad Iberoamericana: a finales de abril de este año, estudiantes de psicología profundizaron sobre la situación, descubriendo que en la comunidad Ladrilleras del Refugio es persistente la inasistencia escolar de niñas y niños por problemas de salud, atribuibles en algunos de los casos a la contaminación producida en la zona por los hornos con los que fabrican los ladrillos.
El estudio, señala la información institucional de la Ibero:
“Fue realizado a través de la materia Psicología Comunitaria, cuya docente es la Dra. Sandra Estrada Maldonado. Participaron 15 estudiantes de sexto semestre, quienes hicieron un primer acercamiento demográfico con investigación hemerográfica y datos del INEGI. Realizaron visitas etnográficas, 12 entrevistas principalmente a personas adultas mayores y 15 encuestas basadas en la Encuesta Nacional de Bienestar (…) Observaron la necesidad de atención de salud mental en adolescentes, población en la que detectaron opciones limitadas de educación y acceso a drogas. En lo general, hay una alta estigmatización sobre la comunidad por la pobreza y lo que implica la fabricación de los ladrillos, así como una necesidad importante de servicios de transporte”.


Lo cierto es que las historias en las ladrilleras se cuentan por cientos. No es para menos, pues de acuerdo con Martín Frías, productor y propietario de una de las elaboradoras de ladrillos, son alrededor de 176 productores en esa zona.
Lodo, calor y tabiques
Por lo general, el tabique se paga a un peso, y en un buen día los ladrilleros pueden ganar hasta 500 pesos. La mezcla del lodo se hace descalzos, y posteriormente se le da forma a los tabiques, para esperar que sequen. Finalmente, se meten al horno, algunos de ellos son ecológicos, pero la mayoría siguen siendo convencionales.
Actualmente, con el intenso calor que azota al Estado de Guanajuato, hacer ladrillos es mucho más difícil y cansado. Aún así los trabajadores siguen laborando. Muchos de los menores de edad que viven en el Refugio van a la escuela, otros no lo hacen y se dedican de lleno a hacer ladrillos, pero también hay quienes dividen ambas actividades.

Eduardo Juarez es uno de los muchos jóvenes que trabajan en las ladrilleras. A sus 14 años, ha decidido dedicarse de lleno a este oficio, como muchos otros niños y adolescentes que radican por la zona del Refugio. Debido a la situación económica de su familia, bastante adversa, tuvo que enfocarse de lleno en la manufactura de ladrillos. Su historia es única, y al mismo tiempo, similar a tantas que se cuentan en zonas como el Refugio e Ibarrilla.
Así es la vida en las Ladrilleras del Refugio, donde los deseos de su gente de seguir trabajando persisten, y a diferencia del humo, no se difuminan.
