AUDIOS SEÑALAN A MILEI COMO CONSPIRADOR CONTRA SHEINBAUM

ENCUENTRO CON GOROSITO…

Unos audios filtrados señalan al presidente de la República Argentina, Javier Milei, liderando una presunta campaña regional contra la presidenta de México Claudia Sheinbaum Pardo y el presidente de Colombia, Gustavo Francisco Petro Urrego.

Una serie de audios filtrados, difundidos por Radio Red América Latina y el portal informativo Hondurasgate, abrió un nuevo frente de tensión política en la región Latinoamericana, al señalar al presidente de la República Argentina, Javier Milei, como presunto aportante de una operación comunicacional destinada a atacar a los gobiernos de Claudia Sheinbaum Pardo, en México y Gustavo Francisco Petro, Urrego en Colombia.

El punto central de la denuncia surge de conversaciones atribuidas al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que fuera condenado en Estados Unidos de América por el delito de narcotráfico y posteriormente el presidente Donald Trump, lo indultó.

De acuerdo con las grabaciones, Juan Orlando Hernández, habría planteado la creación de una célula informativa operada desde los Estados Unidos de América, con apariencia de medio latinoamericano, cuyo objetivo central sería difundir contenidos contra los gobiernos de izquierda de la región de América Latina y el Caribe.

En la que se considera es la voz del exmandatario hondureño menciona que el presidente argentino, Javier Milei, habría comprometido un apoyo económico de 350 mil dólares para avanzar en la operación de desinformación.

Los audios mencionan explícitamente la preparación de “expedientes” contra México y Colombia, una fórmula que, de acuerdo con la investigación periodística, apuntaría a realizar campañas de desprestigio, fabricación de narrativas políticas y circulación de información falsa (Fake news) o información manipulada.

 La operación siempre, según los materiales que fueron difundidos, tendría como objetivo erosionar la Administración de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo y la del presidente colombiano, Gustavo Francisco Petro Urrego, en un contexto de creciente polarización continental.

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum Pardo, reaccionó públicamente al caso y dijo haber escuchado parte de los audios y visto los reportajes. Sin nombrar directamente a todos los involucrados, vinculó el episodio con una red internacional de derecha dedicada a difundir noticias falsas y sostuvo que las campañas sucias no afectarán a su gobierno.

La cautela, sin embargo es imprescindible. Hasta ahora, lo que existe, es una investigación periodística basada en audios filtrados, no una resolución judicial  ni una confirmación documental del supuesto pago de 350 mil dólares que parecería ser que ofreció el presidente argentino, Javier Milei.

Hondurasgate afirmó que los materiales fueron sometidos a análisis forense mediante Phonexia Voice Inspector, pero el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, negó públicamente ser el autor de las grabaciones y las calificó como falsas.

El gobierno de la República Argentina, al momento de las primeras publicaciones periodísticas, no había emitido una respuesta formal que confirmara o desmintiera el supuesto aporte atribuido al mandatario Javier Milei. Por esa razón, la formulación responsable sigue siendo la de presunto financiamiento, audios filtrados y hechos en proceso de verificación pública.

El caso instala una cuestión  que excede la disputa ideológica habitual. Si los audios fueran confirmados en sede judicial o mediante nuevas pruebas documentales, el episodio podría configurar una forma de injerencia política transnacional, no ya la simple retórica agresiva entre presidentes, sino la financiación de una estructura comunicacional para intervenir el debate público de otros países.

La acusación aparece, además, en un momento de realineamientos profundos en la región de América Latina, Javier Milei ha construido su política exterior sobre una identificación abierta con el mandatario estadounidense, Donald Trump, con la derecha regional y con un discurso de confrontación frontal contra los gobiernos denominados progresistas. Sheinbaum y Petro, al contrario, son representantes de dos de los principales polos de la izquierda latinoamericana en el poder.

Por eso, el llamado Hondurasgate, no debe leerse apenas como una filtración más. Es una señal de hasta qué punto la batalla política continental se desplaza hacia el terreno comunicacional digital, donde las fronteras nacionales, importan cada vez menos y las operaciones de influencia pueden circular con velocidad, anonimato y capacidad de daño.

En esa zona gris, entre propaganda, desinformación y poder estatal, la democracia vuelve a enfrentar una pregunta de fondo:

¿Quién financia la mentira, con qué objetivo y al servicio de qué proyecto político?

           ¡Hasta el próximo encuentro…!

                                                            Dr.(c).Washington Daniel Gorosito Pérez

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