Victoria Vega Moreno.
“La mirada de las mujeres irapuatenses”, exposición presentada por el gobierno municipal en el andador Juárez, reúne trece fotografías digitales tomadas entre 2022 y 2026. Hay cúpulas iluminadas por el atardecer, esculturas monumentales de fresas, un templo en ruinas. Imágenes correctas. Bonitas. De postal.
Eso sí: tomadas por mujeres.
Y ahí está el problema.
Cuando se promete “la mirada de las mujeres”, se espera una narrativa atravesada por la realidad de ser mujer en Irapuato y en México. Pero casi ninguna de las imágenes habla de mujeres. No de sus luchas, no de sus trabajos invisibles, no de sus miedos ni de sus anhelos.
Solo una fotografía —la de la recolectora de fresa mirando de frente con la fruta entre las manos— rompe la superficie y sugiere algo más profundo. El resto podría formar parte de cualquier folleto turístico.
Y el hecho de que las fotografías hayan sido tomadas por mujeres vuelve la ausencia todavía más desconcertante. No porque exista una obligación de convertir la fotografía en denuncia, sino porque espacios como este abren la posibilidad de mirar la realidad desde otros ángulos.
Aquí, en cambio, parece imponerse una visión cómoda y tradicional de lo femenino: imágenes bellas, pulcras, sin conflicto social.
¿Dónde están las mujeres buscadoras que recorren el país en busca de sus desaparecidos? ¿Dónde están las obreras de la industria agroalimentaria que sostienen buena parte de la economía local? ¿Dónde están las estudiantes, las trabajadoras, las que marchan, las que resisten?
En tiempos donde las mujeres están reescribiendo el espacio público con marchas colectivas, denuncias y propuestas, esta exposición parece mirar hacia otro lado.
Y tal vez esa sea, precisamente, la crítica más profunda: que cuando más necesitamos miradas valientes, seguimos exhibiendo postales.