Bernardo Monroy/Salamanca, Gto– Entre muros de piedra del virreinato y una noche fría, la Velada Estelar cumple su tercera edición consagrada a la divulgación científica en plena libertad. Ahí, la física y la historia se dan la mano bajo la luz de los telescopios.
La histórica Hacienda de Cañada de Ortega, en Salamanca, se ha convertido en un lugar propicio para la observación astronómica. A lo largo de tres ediciones que se ha llevado a cabo la Velada Estelar, gente de diferentes latitudes de Guanajuato se congregan para pasar una noche observando los cuerpos celestes con un telescopio y escuchando charlas de divulgación de la ciencia.
Cañada de Ortega es una hacienda que data desde tiempos del virreinato, y se ubica en una hondonada. Cuando cae la noche la oscuridad es casi total, por lo que observar las estrellas se convierte en una actividad propicia y única en todo el estado.
Desde personas interesadas en la ciencia hasta estudiantes de ingeniería y académicos con posgrados se dan cita en Cañada de Ortega, cumpliendo a rajatabla una de las frases más emblemáticas de la astrónoma Julieta Fierro: “Para ser científico hay que aprender en libertad”.
Así se vive una velada estelar en medio de una cañada y en una hacienda con siglos de existencia.
Todo comienza desde la mañana. Poco a poco, los estudiantes de la Universidad de Guanajuato, y los miembros del Club Astronómico Irapuatense se dan cita. Hay pláticas de temas científicos tan variados como teoría cuántica, geología u óptica.
Oleksiy V. Shulika, profesor-investigador del Departamento de Ingeniería Electrónica de la Universidad de Guanajuato (UG), habla en una conferencia sobre la física cuántica detrás de los colores y el espectro visible por el ojo humano: desde el ultravioleta, radiación electromagnética con una longitud de onda más corta que la luz visible, por lo que resulta invisible para el ojo humano, hasta el infrarrojo, que significa “por debajo del rojo”. Esta información ayuda a los presentes a entender la física antes que caiga la noche.
POLVO DE ESTRELLAS
Una de las frases más famosas expresadas por Carl Sagan fue “todos somos polvo de estrellas reflexionando sobre las estrellas”, pues los átomos de los humanos se formaron del interior de estrellas antiguas. Así, la noche de luna llena del 27 de septiembre, todos en Cañada de Ortega son polvo de estrellas.
Los alrededores de la hacienda se llenan de gente con telescopios. Algunos observan la Luna llena, otros Saturno y otros Venus. Muchas estrellas que pasan por alto, sin duda, ya se habrán convertido en supernovas y habrán muerto.
Alejandro León Mendoza, estudiante de la carrera de Comunicaciones y Electrónica de la Universidad de Guanajuato tiene 21 años y es apasionado de la astronomía. Reconoce que hay contaminación lumínica en todas partes, y el hecho de estar entre cerros, en una cañada, ayuda mucho para que la imagen del telescopio sea óptima.
El telescopio consta de tres partes importantes que sería el trípode, la montura acimutal y el telescopio en sí. Después queda calibrarlo, y observar los astros durante la noche de luna llena que ilumina las ruinas centenarias de una cañada donde el tiempo se detiene.