LIBRO DE LAS VIRTUDES DEL INDIO

ENCUENTRO CON GOROSITO…

Juan de Palafox y Mendoza (Fitero 1600- Osma 1659) fue clérigo, político, escritor y defensor de los indios y criollos del Virreinato de la Nueva España.En su juventud estudió derecho y filosofía; posteriormente decidió seguir su vocación eclesiástica y se ordenó en 1629. Desempeñó varios cargos importantes, como: Fiscal del Consejo de Guerra y del de Indias, Obispo de Puebla de los Ángeles y de Osma, Visitador General de la Real Audiencia de México y Virrey de la Nueva España.

Durante su estancia en el Nuevo Mundo terminó la construcción de la Catedral de Puebla; fundó la Biblioteca Palafoxiana; el Colegio Tridentino de San Pedro y el de Teólogos de San Pablo. Promulgó e impulsó reformas económicas, sociales y reguladoras de los privilegios del Clero. Posterior a sus nueve años de estancia en la Nueva España, regresó a Osma (1649), donde escribirá la mayoría de sus obras, entre ellas: el Libro de las virtudes del indio en 1650.

Este lo escribió al rey Felipe IV, con la finalidad de evidenciar tanto la naturaleza de los indígenas  y su  importancia en las labores que realizaban en la Nueva España, como la necesidad que se cumplieran las leyes establecidas por la Corona española en la Colonia, pues la irregularidad de su aplicación e incluso su omición había provocado que los indios padecieran muchas injusticias: discriminación, abuso, explotación.

Cuenta una anécdota siendo Obispo: “A Atlixco, una de las villas del obispado de Puebla de los Ángeles, llegaron un español y un indio a aprender música de canto de órgano con el maestro de capilla de aquella parroquia, y el español en más de dos meses no pudo cantar la música de un papel, ni entenderla, y el indio en menos de 15 días, la cantaba diestramente”. Quizás la iglesia a que se refiere Palafox pudiera ser el Convento de Atlixco, donde fue Comendador en esa época Fray Francisco de Gorosito, antepasado de quien escribe este artículo.

Comparto con mis amables lectores uno de los capítulos que conforman este  volumen denominado: “Cuán dignos son los Indios de la protección Real , por las utilidades que han causado a la Corona de España”.

Así como los indios son los vasallos que menos han costado a la Corona, no son los que menos la han enriquecido y aumentado. Porque no puede dudarse que muchos de los demás reinos de Vuestra Majestad y de otras coronas que hay en el mundo, aunque se consideren juntas, no igualan ni llegan a la menor parte de los tesoros que entran breve tiempo ha fructificado la Nueva España en las minas del Potosí, Zacatecas, el Parral Pachuca, Guanajuato y otras, y en los tributos, alcabalas, tercios de oficio y diversos géneros de renta, y esto sin hacer consideración de lo que mira al Perú.

Y aunque este excelente mérito y servicio a la Corona de Vuestra Majestad quieren algunos extenuarlo por decir que por las Indias se ha despoblado España y se ha llenado de cosas superfluas, se puede responder fácilmente que no cuesta mucho a un reino otro, cuando le pide alguna gente y recibe hijos terceros o cuartos para formar colonias, y sujetarse a ellos y dejarse por ellos gobernar, enriqueciendo de paso a sus vecinos y ahciendo al reino poblador poderoso con tantos  y tan frecuentes envíos como se remiten a España, no sólo de las rentas de Vuestra Majestad, sino de sus vasallos españoles de las Indias a otros deudos, amigos y confidentes que dejaron en su patria.

Antes es muy loable y de gran mérito que ccunado muchos reinos, como los Países Bajos y otros de esta calidad, no han tributado renta considerable a la Corona, y ella les ha tributado gente, riquezas  y sangre; y costado tantas guerras, hayan los de las Indias, sin costarle sangre ni plata ni oro, ofrecido cuanto la tierra ocultaba dentro de sus entrañas y veneros.

Y es muy cierto que si España no tuviera para consumir esos tesoros tantas guerras en Europa, estuviera abundando en riquezas, las cuales, aunque son la perdición de las costumbres y aún de los reinos, si de ellas se abusare pero siempre que con moderación y prudencia se usare de ellas, son el nervio de la guerra, la seguridad de la paz y el respeto y reputación de los reinos y coronas.

Pues con las riquezas se mantiene en autoridad la dignidad real, se pagan los soldados, se fomenta el comercio, se ocupan los vasallos, se conservan los presidios, se defiende la Iglesia y a nadie condenan las riquezas, sino el abuso y mal empleo de ellas, porque no son más que un indiferente instrumento de nuestra salvación o perdición si las gastamos en vicios, y de nuestra salvación si las damos honesto santo y cristiano empleo.

Y así las Indias, sus provincias y reinos, sobre merecer la merced de Vuestra Majestad les hace por no haber costado mucho a la Corona, la merecen por haberla enriquecido con tan copiosos tesoros, cuales nunca se vieron en el mundo, siendo suyo sólo el darlos y de los ministros el lograrlo.

Y es, sin duda, que para las contínuas guerras del señor emperador Carlos V y serenísimos Felipe II y III, su hijo y nieto, y las frecuetes pasadas que Vuestra Majestad ha tenido para defender la Iglesia y la fe y su dignísima Corona y casa, han importado tanto los socorros de las Indias, cuanto se puede fácilmente reconocer de los que han veido desde el año 1523 hasta ahora, y de los que han faltado cuando por algún accidente no han llegado, que ha causado dañosísimos efectos.

La lúcida perspectiva del beato Palafox en su obra: Libro de las virtudes del indio, crea una brecha hacia la comprensión del por qué dedicó tanto esfuerzo a la protección de los indios y aún exigió al Rey que mandar “ver si nación que está por la mayor parte exenta de vicios tan capitales y tan vehementes , puede llamarse más inocente que las otras, y digna del amparo de su Rey y señor”.

v   ¡Hasta el próximo encuentro…!

      Dr.(c).Washington Daniel Gorosito Pérez

 

 

 

 

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