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LA POSVERDAD TIENE EN LAS REDES SOCIALES SU GRAN ALIADO

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 Washington Daniel Gorosito Pérez

Originada desde la Filosofía, sus raíces el posmodernismo y relativismo. “Todo es relativo, se inventan historias todo el tiempo. Ya no existe la verdad”. El filósofo, humanista y pensador británico A, C. Grayling, mira horrorizado la posibilidad de un mundo dominado por la Posverdad, palabra que fuera escogida por el diccionario Oxford para sintetizar el año 2016, en que triunfó la salida del Reino Unido de Europa (Brexit) y Donald Trump obtuvo la victoria en las elecciones de Estados Unidos convirtiéndose en el presidente número 45 en la Casa Blanca.

A.C. Grayling advierte: “La corrupción de la integridad intelectual y el daño del tejido completo de la democracia”

¿Cuál es la definición de Posverdad? Circunstancias en las que datos objetivos son menos influyentes en la construcción de la Opinión Pública que llamados emocionales o creencias propias”. En un mundo de inmediatez, la verdad se vuelve un lujo secundario. Las redes sociales son la incubadora perfecta de la Posverdad.

Según el escritor mexicano Juan Villoro: “En tiempos digitales, la verdad no ha dejado de ser revolucionaria, pero pertenece a una esfera que importa cada vez menos: la realidad”. El origen de la Posverdad lo podemos encontrar en los cambios que sufrió el mundo con la crisis del 2008, creció la brecha entre ricos y pobres, se presenta un profundo sentido de disconformidad en la clase media.

Sociólogos como Eric Alterman se refirieron a la Posverdad como “arma política de desinformación”. Y aparecieron las “noticias falsas”, se pusieron de moda tras la elección de la Unión Americana, luego que el presidente electo Donald Trump acusara directamente a los medios de publicarlas. “El problema es una cultura online incapaz de distinguir entre realidad y ficción”. Ya en el 2004, el sociólogo estadounidense se refería a la Posverdad, como apelaciones a la emoción y a las prolongaciones sentimentales de la realidad.

El Lingüista y Profesor del Tecnológico de Massachusetts, Noam Chomsky, se refirió a la Posverdad como utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión, como una técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional, y en el sentido crítico de los individuos.

Pero también surgieron los denominados “hechos alternativos”. Declaraciones de Kelly Anne Conway, ex Jefa de Campaña y actual Consejera del presidente Trump fue una de quienes utilizó la terminología. En una entrevista con la cadena NBC, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca Sean Spicer, aseguró que en la toma de posesión de Trump se registró la mayor audiencia de la historia.

Dicha afirmación fue negada por medios como The New York Times o The Washington Post a través de fotografías del evento y datos como el uso del transporte público. Según la Asesora, el Secretario de Prensa no había mentido, sino que había ofrecido “hechos alternativos”. El periodista de la NBC Chuck Todd se sorprendió ante la afirmación y replicó: “Un momento, ¿Hechos alternativos? Mire, los hechos alternativos no son hechos, son falsedades”.

Ya en la República de Platón, en pasajes de los libros 2º y 3º se habla de “Las mentiras nobles” que se usan en la educación de los niños y en la conducción de los asuntos públicos, diferentes, según él. De las mentiras propiamente tales en la medida en que las primeras fortalecen la verdad mientras las segundas las destruyen.

Detrás de los términos Posverdad y hechos alternativos parece estar el arma de la propaganda, aunque sean novedosos los medios tecnológicos en los que se vuelve a crear la separación entre realidad y creencias. El medio más avanzado conocido por Joseph Goebbels fue la radio; en nuestros días son las redes sociales, que Internet hace posible.

Para la filósofa Susan Haack, “Posverdad” y “hechos alternativos” parecen ser nuevas formas de autoengaño, nuevas formas de relativismo. Recordemos que el físico Richard Feynman decía: “La ciencia es lo que queda cuando han fracasado todas las formas de autoengaño”, lo mismo podríamos decir de la realidad.

El fenómeno comunicacional de la Posverdad se construye en 5 etapas:

  • Una persona o sitio de noticias difunde una información impactante. Puede ser un deceso, un ceso o un nombramiento, un ataque a un personaje, una acusación o hasta una declaración estruendosa.
  • La noticia por su condición AAA, se comparte indiscriminadamente en redes sociales (Facebook, Tuiter).
  • Por el “Impacto informativo”, la nota se sale de las redes, algunos medios la retoman y la difunden para no quedarse fuera del “trending informativo”.
  • La noticia es desmentida, puede ser por una persona involucrada o alguien cercano “al protagonista” de la noticia, pero la aclaración no es tan impactante como el hecho transmitido inicialmente. Apenas 1/3 de los que compartieron la nota falsa se entera del desmentido.
  • La aclaración no se vuelve viral y la noticia falsa queda en la mente de algunos, se convierte en una verdad a medias: una Posverdad.

Según un estudio del Pew Hispanic Center, la tercera fuente de información de los estadounidenses es Facebook, los dos primeros lugares los ocupa Fox News (afecto a Trump) y CNN (contrario a Trump).

Hoy el populismo contemporáneo, sea de izquierda o derecha, apela a las redes sociales. En México los medios clásicos han ido perdiendo audiencia. Lo más visitado es Google, le sigue el sitio de videos You Tube y el tercer lugar lo ocupa Facebook. Otro elemento que permite que el virus de la Posverdad se expanda es que mucha información se transmite como entretenimiento. La diversión, el entretenimiento desvían la atención hacia nuevos espectros, hacia campos en que no predomina la reflexión, lo llaman “shitsthorms”, tormentas de mierda.

Recordemos otro vergonzoso “hecho alternativo” ocurrido hace unos días siendo protagonista el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer al condenar el uso de las armas químicas por el líder sirio Bashar al- Assad, afirmando que ni siquiera “Adolfo Hitler se rebajó a usar armas químicas”. Posteriormente tuvo que rectificar y decir que las había usado sólo dentro de los “centros de holocausto”, ya que había ignorado el uso del gas por los nazis para exterminar a los judíos.

Al día siguiente de sus lamentables declaraciones, pidió disculpas públicamente y dijo que “cometer un error así es imperdonable y reprobable”. “Pido que la gente me perdone y que comprenda que no debí hacer esa comparación”.

El investigador de la UNAM, Roger Bartra, sostuvo en una reciente entrevista que “favorece ignorancia Posverdad en México”. Había escrito el Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la máxima casa de estudios de México que” parte de los problemas del país se presentan porque sólo el 5% de la población se mantiene como lectores habituales de libros”. Ese país de no lectores permite que el virus de la Posverdad se pueda expandir sin límites.

“El hecho de que haya una sociedad funcionalmente analfabeta en su mayor parte contribuye a que la microlectura, la lectura de tuits, mensajes cortos, sea mucho más influyente. Está el terreno abonado para que estas llamadas posverdades fructifiquen y crezcan, porque encuentran terreno fértil en la ignorancia de la gente”.

“Hay demasiadas personas que no reflexionan, que no tienen una base cultural para reflexionar y tomar decisiones en función de los conocimientos que han adquirido a través de lecturas y de programas de televisión y el cine, y eso ocasiona el problema que tenemos”.

El especialista en Ética y Profesor de Pensamiento Judío y Filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalem y la Universidad de Nueva York, el uruguayo Moshe Halbertal entrevistado en Letras Libres ante la pregunta: Inspirada en Trump, la palabra del 2016 fue “Posverdad”. ¿Es posible dirigir un país desde una posición de Posverdad o es una postura que sólo es efectiva para reaccionarios y figuras de oposición?

Contestó: La devaluación del concepto “verdad”, es el resultado de una interacción muy compleja entre la derecha radical y la izquierda. La idea de que pensar que la verdad existe es una acción opresiva destinada a imponer un poder hegemónico tiene su raíz en el Posmodernismo. Cuando “el mundo de relatos” se enfrenta con el carisma seductor de la mentira, la sociedad, como un todo, paga el precio por ello.

En el caso de Trump, que carece de todos los valores básicos y cuyo único principio es el de ser ganador- nunca perder-, todo lo que existe es voluntad. Y hay algo verdaderamente mágico en esta imagen: una voluntad tan pura que hasta los hechos se distorsionan frente a ella. De modo que sí: la idea de Posverdad está cargada de un considerable peso cultural, pero la verdad también cuenta con una cualidad admirable: tarde o temprano sale a la luz.

                               ¡Hasta el próximo encuentro…!

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