Según el Informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que lleva como título: Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo- 2017, el número de personas que sufre hambre en la región de América Latina y el Caribe, aumento en el periodo 2015- 2016 en 2.4 millones.
El 6.6% de la población de la zona está afectada por el hambre. Julio Bordegué, quien funge como representante regional de la FAO externó: “El hambre está aumentando en América Latina y el Caribe por primera vez en la última generación. Esto es inaceptable y todos los latinoamericanos y caribeños deberíamos sentirnos personalmente ofendidos por este retroceso. No podemos dar un paso atrás, poniendo en riesgo la salud, el bienestar o incluso la vida de miles de personas”.
A nivel global el documento informa que 815 millones de personas en el mundo sufren hambre, hubo durante el 2016 un aumento del 11% en este tema, dándose el mayor incremento en zonas del continente africano y de Asia. Comparativamente a otras regiones, América Latina y el Caribe aún posee un bajo nivel de hambre comparado con otras regiones del mundo en desarrollo, aunque se han detectado señales muy claras que la situación en materia alimentaria se deteriora día a día.
El mayor incremento en la región fue para América del Sur, allí el hambre aumentó al 2015 un 5% y en el 2016 un 11%. Anteriormente América Latina y el Caribe se veían como líderes en la lucha contra el hambre a nivel internacional, a tal grado que se esperaba terminar con dicho flagelo en la región para el 2025. Sin embargo estas cifras que estamos manejando nos dan la evidencia que estamos siguiendo la preocupante tendencia mundial de incremento del hambre.
Bordegué sostiene que la desaceleración económica de la región, debido a la caída de los precios de las “commodities (productos básicos transables)”, que exporta la región y de la contracción económica mundial, ha tenido un fuerte impacto en la seguridad alimentaria de América Latina y el Caribe, sumando a lo anterior el aumento de precios en los alimentos. Pese a lo negativo de esta información se debe destacar que algunas políticas publicas dirigidas a los niños están funcionando bien, ya que la desnutrición crónica infantil cayó de 15.7% en 2015 a 11% en 2016.
Las tasas de desnutrición infantil aguda que son muy altos en otras regiones, se mantienen bajos en América Latina y el Caribe con 1. 3% en la región en el 2016 en menores de 5 años.
Aumentó el hambre en la región y a su vez se vive una epidemia de sobrepeso y obesidad en los niños menores de cinco años. Se calcula que 4 millones de infantes en la región son obesos.
El representante regional de la FAO recomienda enfrentar todas las formas de malnutrición a través del fomento de sistemas alimentarios saludables con mayor carga o presión sobre los más pobres. Esto debido a que la mayoría de sus ingresos los gastan en comida y tienen muchas dificultades para acceder a alimentos sanos y nutritivos.
Lamentablemente tenemos en la región 6.1 millones de niños que viven con desnutrición crónica; 3.3 millones en Sudamérica, 2.6 millones en América Central y 200 mil en el Caribe. Unos 700 mil de estos niños sufren desnutrición aguda.
Recordemos las palabras del Papa Francisco del 15 de octubre del 2015: “Las condiciones de las personas hambrientas y malnutridas pone de manifiesto que no es suficiente ni podemos contentarnos con un llamado general a la cooperación o al bien común. Tal vez la pregunta sea otra: ¿Es aún posible concebir una sociedad en la que los recursos queden en manos de unos pocos y los menos favorecidos se vean obligados a recoger sólo las migajas”.
¡Hasta el próximo encuentro…!
Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez